
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela le dio la partida a una nueva guerra en el continente, que será menos silenciosa respecto de la actual depredación de diferentes grupos armados, económicos y políticos, tanto nacionales como internacionales, que saquean como arrieras los recursos naturales de esta vasta región.
El río Guaviare estaba bajo por el verano y la gasolina no llegaba. Llovió un par de días y el buque tanque se desencalló, y llegó al lejano pueblo fronterizo. Los mineros estaban ávidos de combustible, como abejas al sudor, y en menos de un dia se aprovisionaron con centenares de tambores de combustible, comida, cerveza, whiskey y repuestos para las máquinas.
En el puerto de Amanavén, en las bocas del Guaviare sobre el Atabapo y el Orinoco, el negocio minero se siente en cada puerto, casa, buque tanque, restaurante o gallera. También la presencia de “mompas”, de camiseta negra manga larga y chalina verde oliva, con mirada desconfiada y desafiante. No es un solo grupo, y para fortuna de todos, cada quien tiene su zona, sus filones, caños, gente y proveedores. Y lo que ocurre en la escala local también sucede en la regional, donde cada grupo maneja sus rutas, y por ende, sus impuestos, para que cada puesto de control les funcione, es decir “no funcione”, o también, para que las cosas se den con ayuditas de los gobernantes locales, que también tienen su ‘CVY’.
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