
Los países en desarrollo no solamente estamos varados con muchos otros de ingreso medio, sino que el costo y el exceso de endeudamiento no nos dejan mover fácilmente en política fiscal, con graves consecuencias para no crecer y seguir estancados. Este fenómeno y esta situación se están comenzando a identificar como brasilización. En The Economist de esta semana le dedican un capítulo entero a esta amenaza que parece estar poniendo en duda si Lula puede ganar las elecciones nuevamente.
Curiosamente, como es el caso de Colombia. aunque posiblemente no tan severo, Brasil parece disfrutar de un nivel aceptable de crecimiento, y desde hace años ha dejado que los tecnócratas manejen al banco central con relativa independencia, y su balance primario, que no incluye el pago de intereses, es cercano a cero. Su deuda pública es 66 por ciento del PIB, lo que no asustaría a un país rico, pero para países en desarrollo es alto (‘The rich world should beware Brazilification’ The Economist, february 13, 2026).
El problema, dice el artículo, es que Brasil tiene intereses muy altos, del orden del 15 por ciento anual a corto plazo, cinco o más puntos por encima de Colombia. A pesar estar cerca de un equilibrio primario, el Gobierno de Brasil posiblemente tiene que endeudarse en el equivalente del 8 por ciento del PIB anual para pagar intereses (3 o 4 por ciento en el caso de Colombia). Con la cercanía de las elecciones y la posición vulnerable de Lula no se vislumbran políticas encaminadas a corregir esta situación que, desde hace rato, requiere atención.
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