
A medida que pasan las semanas, las semejanzas entre Petro y Trump y acentúan. Veamos algunas:
Ambos viven en un mundo de fantasías fiscales. Creen que lo que dicen (generalmente improvisadamente) es palabra sagrada y tiene que convertirse en ley sin contar con el Congreso. Creen que en las democracias que presiden sus poderes son omnívoros y que los poderes legislativos de sus países están solamente para aprobarles a pie juntillas todo lo que les mandan la Casa Blanca y el Palacio de Nariño.
Ambos están fracasando estrepitosamente en sus relaciones con el Legislativo. A Petro, el Congreso le ha negado varias veces sus reformas fiscales. A Trump le acaba de dar una fuerte cachetada la corte suprema de los Estados Unidos, recordándole que no puede recaudar un solo dólar a través de aranceles sin la autorización de las cámaras.
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