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Jaime Honorio González

Acción estratégica

Iba a contarles sobre un nuevo aniversario del comienzo oficial —hace seis años— del encierro mundial por cuenta de una pandemia que vimos venir en cámara lenta desde China, pasando por Europa y Estados Unidos, hasta que llegó a este paraíso tropical —en aquellos tiempos, gobernado por un joven e inexperto congresista— que, en un par de días, acabó con las existencias de papel higiénico en los supermercados por cuenta de la paranoia colectiva que se desató, en tanto muchas otras familias ponían banderas rojas en sus ventanas para avisar que no tenían qué comer. Una completa ironía que un trapo de ese color haya sido por décadas la forma de identificar dónde quedaban las famas en el país.

Sí, fue un encierro infame.

¿Se acuerdan que decíamos que lo bueno de ese encierro es que nos iba a hacer mejores personas, que dizque más empáticos, que dizque más solidarios? Qué pretenciosos. Nada de eso pasó. Por el contrario, atravesamos ahora una cruel época de guerras en todo lado, por el petróleo, por el desprecio y —lo más triste— por la religión; ya no caben los intolerantes en las calles ni los abusadores en las casas y la verdad es que ese miedoso confinamiento acentuó las locuras de cada uno, despertó los miedos que todos teníamos guardados y disparó las paranoias que nos poseen, especialmente a los líderes mundiales, los de izquierda y los de derecha, los demócratas y los dictadores, todos, irresponsables ególatras que nos tienen al borde de la desaparición como especie.

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