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Álvaro García Jiménez

Cepeda: es hora de debatir

Hay un dato en la encuesta publicada por CAMBIO que, leído rápidamente, podría interpretarse como una señal de fortaleza política: el presidente Petro alcanza un 50 por ciento de aprobación en la encuesta del CNC. En un país golpeado por la profunda crisis de la salud, huecos fiscales, graves problemas de seguridad y una evidente fatiga institucional por las confrontaciones, no es un número menor. Es raro, pero no es menor.

Pero hay otro dato, tal vez menos visible, que cambia por completo la lectura: Iván Cepeda, el candidato del progresismo lidera, pero de nuevo no logra superar el 35 por ciento. Y otro más, todavía más elocuente: quienes durante años se han declarado como figuras del “centro” —Claudia López y Sergio Fajardo— apenas llegan al 3,5 por ciento cada uno.

Y es ahí donde empieza a aparecer una expresión de opinión pública más estructural, porque las encuestas, aunque son muy útiles, miden cosas distintas en momentos determinados. La aprobación que vemos en los números captura no solo preferencias definidas, sino estados de ánimo y puntos de coyuntura. Pero hay un tercer elemento —más exigente y decisivo— que aún no ha sido puesto a prueba: la capacidad de sostener una posición en confrontación directa entre los candidatos más opcionados.

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