
Esta frase la pronunció este lunes 16 de marzo, Donald Trump, ante la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca. “Puedo tomar Cuba”. “Es una nación muy debilitada en este momento”. Fue soltando esas afirmaciones sin recato alguno, probando una vez más la capacidad y la decisión de reaccionar de los organismos internacionales, de las otras potencias del mundo y de los países de la región latinoamericana.
El temor a una intervención de Trump en Cuba, similar a la que ejecutó en Venezuela, se había disipado un poco en los últimos días, cuando se supo por un artículo del New York Times que existía una mesa de negociación entre Washington y la Habana. Qué había señales de cambios importantes de este país del Caribe. Pero estas declaraciones reactivan todas las alarmas.
La amenaza, además, ocurre días después de la reunión “Escudo de las Américas” convocada por Trump el 7 de marzo en Miami. Un evento al que fueron invitados doce países de la región excluyendo a los tres países más grandes: Brasil, México y Colombia. Una cita con la clara intención de dividir a América Latina y proyectar agresiones contra los países que difieren de las políticas de Washington. Estaban, desde luego, Argentina en representación de Milei, el Salvador con Bukele a la cabeza y el presidente electo de Chile José Antonio Kast.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios


