
La llamarada en los precios de los hidrocarburos que ha suscitado la guerra del Medio Oriente plantea un profundo dilema para la política fiscal colombiana: ¿trasladar dichos precios al consumidor o que los asuma como subsidio el fondo de estabilización? En la práctica, lo último llevaría a inflar a niveles impensables el déficit del fondo de sustentación de los hidrocarburos.
La primera opción sería la más lógica. Pero su implementación es difícil en las circunstancias que vive el país y la proximidad de las elecciones, La mayoría de los países —incluido Estados Unidos— utilizan esta vía: con las cautelas técnicas necesarias, el precio externo sube o baja en el surtidor de gasolina al ritmo que marque el mercado internacional de los combustibles. Es el camino que menores costos tiene para el fisco, pero el más delicado desde el punto de vista político.
La otra alternativa es aislar el precio doméstico de los combustibles del mercado internacional. Esto, en el fondo, es lo que hace el fondo de sustentación. En principio debería servir para que el precio también suba o baje a partir de un valor disparador que fijarían las autoridades. Pero en la práctica opera solo para asumir las diferencias cuando la tendencia de los precios internacionales está al alza, convirtiendo así la modulación de dichos precios internacionales en un subsidio que termina asumiendo la política fiscal.
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