
El apoyo a las organizaciones de la transición energética no es una dádiva ni una transacción clientelar
Este año, en la Fundación Pares, celebramos los 10 de haber realizado la investigación sobre los 169 conflictos sociales y ambientales en las industrias extractivas, con el apoyo de la Fundación Ford. Ese estudio lo publicamos en un libro de editorial B: La Minería en el Postconflicto, un Asunto de Quilates. La indagación arrojó una conclusión: la mayoría de los conflictos tenían que ver con el medio ambiente. Las disputas económicas y sociales tenían un segundo lugar. Las angustias de las comunidades apuntaban a la preservación del agua y los bosques, a proteger los cultivos y los usos tradicionales del suelo.
La minería ilegal, la depredación ambiental y la violencia generada en este tipo de explotación estuvieron al centro de las preocupaciones a lo largo de la investigación. El envenenamiento de los ríos y el reclutamiento de miles de jóvenes para esclavizarlos en estas minerías y saber que el 70 por ciento del oro venía de este tipo de explotación, nos produjo un gran impacto en nuestra percepción del país.
Pudimos ver, igualmente, una gran paradoja. En varias regiones del país se golpearon tristemente a las comunidades para poner en marcha grandes hidroeléctricas y estas poblaciones terminaron sin conexión al sistema eléctrico nacional o pagando un alto costo por su energía.
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