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Yesenia Olaya Requene
Puntos de vista

El laboratorio de robótica que abrió una discusión sobre los privilegios de la ciencia en Colombia

Lo que ocurrió en la Institución Educativa Sierra Morena de Ciudad Bolívar no fue una discusión sobre un laboratorio de robótica. Fue una discusión sobre quién tiene derecho a la ciencia en Colombia.

Cuando se trata de inaugurar obras en los sectores privilegiados de las ciudades, nadie pregunta si es el momento adecuado. Nadie cuestiona si la comunidad debe participar. Nadie se escandaliza porque se hable de inversión pública.

Durante décadas nadie cuestionó que los mejores laboratorios estuvieran concentrados en los mismos lugares, las mismas universidades y los mismos sectores sociales. La ciencia parecía tener domicilio fijo. Parecía pertenecerles a unos pocos. Pero cuando el Gobierno nacional decide llevar robótica, Inteligencia Artificial y ciencia computacional a una localidad popular como Ciudad Bolívar, entonces aparecen las barreras, las excusas y las resistencias.

Dice mucho que una inversión pública del Estado en ciencia para jóvenes termine generando más controversia que la ausencia histórica de oportunidades para esos mismos jóvenes y que todavía hayan sectores del poder que no comprenden que la ciencia dejó de ser un privilegio para convertirse en un derecho.

Lo más extraordinario de esta historia no fue la actuación de las instituciones y sus funcionarios. Fueron los jóvenes de Sierra Morena. Fueron ellos quienes levantaron la voz para defender su derecho a aprender robótica y quienes entendieron que detrás de ese laboratorio hay oportunidades de educación, de innovación y de futuro.

Mientras algunos funcionarios se refugiaban en los procedimientos y la burocracia colocaba obstáculos, la juventud de Ciudad Bolívar levantaba su voz. Y tal vez por eso, esta historia trascendió las paredes de un colegio: porque no se trataba de un laboratorio, sino del derecho de los hijos e hijas del pueblo a acceder a la ciencia y a las oportunidades del siglo XXI.

Los dos días en que la comunidad y cientos de estudiantes se manifestaron para exigir que el laboratorio de robótica llegara a su colegio y vieron restringido su acceso a las aulas y se afectó la prestación de su alimentación escolar, quedarán como un hecho profundamente simbólico para la historia de la educación pública en Colombia. Lejos de rendirse ante las decisiones de los funcionarios, fueron los jóvenes quienes alzaron la voz para defender su derecho a la ciencia y al futuro. La historia demuestra que las grandes transformaciones sociales comienzan cuando quienes han sido excluidos deciden reclamar su lugar. 

En Sierra Morena, los jóvenes nos recordaron que el conocimiento no puede ser un privilegio reservado para unos pocos, sino un derecho que debe abrirse paso incluso cuando encuentra obstáculos. Allí, en una de las localidades más populares de Bogotá, la juventud convirtió un laboratorio en una causa colectiva y una discusión administrativa en una reflexión nacional sobre la igualdad, la dignidad y el acceso al conocimiento.

Sierra Morena terminó convirtiéndose en un símbolo de una discusión nacional: si la ciencia seguirá siendo un privilegio reservado para unos pocos o si finalmente se convertirá en una herramienta de transformación para las mayorías.

Por eso, desde Minciencias construimos una política que les abre oportunidades a los hijos de los trabajadores, de las madres cabeza de hogar y de las familias que han sido excluidas durante generaciones. Esta política por la democratización del conocimiento, les comunica que también pueden ser científicos, programadores e innovadores.

Los jóvenes de Sierra Morena obligaron a Colombia a preguntarse quiénes se incomodan cuando la ciencia deja de ser un privilegio y comienza a convertirse en un derecho. 

Y gracias a ellos, el laboratorio llegará. 
 

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