
Uno lee las noticias, estudia los chats y se asombra de que todo parece normal. Hay gente promoviendo ideas, anunciando proyectos, comunicando propuestas a los candidatos, criticando que ninguno de ellos revela claramente lo que va a hacer en el próximo gobierno si resulta elegido. Estamos como posiblemente estuvieron los habitantes de Pompeya hasta minutos antes de ser sepultados por la erupción del Vesuvio.
Ojalá no nos pase el 1° de junio lo que le sucedió a Joni Mitchel, una cantante canadiense, cuando veía que su compañero se alejaba en un enorme taxi amarillo y no volvería. En ese momento se dio cuenta de que ella no había apreciado lo que tenía y ahora lo perdía por haberlo dejado ir sin tratar de detenerlo.
Esto es seguramente lo que nos va a suceder si en esta primera vuelta de votación por la Presidencia quedan Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella de candidatos para pasar a segunda vuelta. Ahí ya habremos perdido lo que no valoramos oportunamente: una democracia imperfecta que hacía esfuerzos sinceros, pero no siempre exitosos de satisfacer a todo el mundo. Ofrecía libertad, perspectivas de prosperidad que no supo repartir, salud para la mayoría de la gente que no le llegaba efectivamente a la población rural con facilidad. Los beneficiarios urbanos del sistema de salud se empeñaban en que los atendieran días después de pedir turno cuando en países como Canadá, por ejemplo, se demoran meses, en algunos casos años. La calidad de vida de todo el mundo mejoró, pero también aumentaron las diferencias y con ellas la envidia y los odios que hoy azuza el presidente con habilidad depredadora para promover disturbios y degradar el entorno urbano. Lo peor es que no tenemos el chance que tenía la cantante de ir a pedirle a su compañero que volviera. Ni Iván, ni Abelardo ni mucho menos Petro permitirían que se retrocediera porque el objetivo de ellos tres es concentrar poder en el Ejecutivo y desmontar la democracia que en Colombia ha sido tradicional. Mientras nuestro objetivo debe ser no dejarnos quitar la libertad y defender las instituciones.
Un momento crítico para tomar decisiones es ahora en estas elecciones. Hay que tener coraje para hacerlo porque va en contravía de la mayoría de los que promueven una dictadura para evitar la otra. No podemos dejar que nos arrebaten lo que ha sido nuestro: no votemos por Abelardo, ni por Cepeda, ni en blanco. El voto en blanco favorece a Cepeda. Seguramente eso aumentaría significativamente el voto por Paloma, y esto iría a favor de lo que nos proponemos. También puede fortalecer a Fajardo y a Claudia. Los necesitamos porque, si no se logra evitar que pasen Abelardo y Cepeda a segunda vuelta, tenemos que continuar luchando por defender lo nuestro y las instituciones. Ellas no se defienden solas y tampoco las defienden los partidos tradicionales cuyos congresistas aspiran a que el presidente de turno los compre para consolidar una mayoría simoniaca de gobierno e inestable. Entonces, si no las defendemos nosotros, ¿quién lo va a hacer? Es clave que las instituciones sobrevivan y conserven su solidez.
Recuerdo que cuando todavía estaba la democracia venezolana en vías de desaparecer, los amigos de ese país no podían decir por teléfono lo que querían y eso me parecía insólito dada la tradición democrática de Venezuela. Estamos en un momento parecido y miren en lo que eso se convirtió. Si usted puede decir lo que le parece en reuniones o por teléfono, en chats y en la universidad, está a punto de perderlo. Si tiene un seguro de salud privado prepagado, no lo va a poder usar. Si sus hijos se educan en establecimientos privados y han podido escoger libremente lo que estudian, también lo van a perder. Si usted vive en los territorios que hoy están en poder de la mafia, ya hace tiempo que perdió la libertad y la tranquilidad: ahora tiene el temor de que le arrebaten los hijos para engrosar los grupos armados ilegales, y seguramente esto puede empeorarse. Si le gusta ir a la finca y quedarse allá, es posible que se la quiten o que le entreguen el municipio a algún disidente mafioso. En las ciudades se tendrá que vivir muy alerta, no hacerse notar y no darle papaya a los criminales que trabajan con el estado que lo podrán detener en la calle y desaparecerlo. Posiblemente no vuelva a votar libremente antes de morir. La segunda vuelta será su última oportunidad de votar. Muchos de los que la han desperdiciado tanto seguramente la van a extrañar. De ahora en adelante no podrán hacerlo sino en plebiscitos y amenazados. También corre el riesgo de que le quiten la casa o les impongan unos inquilinos que vienen a sacarlo poquito a poco con el apoyo de las autoridades. Si hasta ahora ha creído que hay tres poderes independientes ha estado engañado, porque aquí las mayorías se compran, también los tribunales, pero aun eso es mejor que vivir sometido a un autócrata riguroso o a otro más play.
Los dos candidatos autocráticos tienen grandes debilidades: uno se inventó la Paz Total y con esa idea les entregaron control de vastas extensiones de territorio a grupos criminales o subversivos, también criminales. Petro le robó la idea no para hacer la paz, sino para tener en el territorio quien lleve a la gente a votar por el candidato oficial. Y Abelardo no tiene idea de cómo va a enfrentar la violencia y recuperar la soberanía territorial cedida y perdida excepto pidiéndole ayuda a Netanyahu, cuyo proceder le ha hecho perder a Israel el respeto y la solidaridad que se le brindaban en la mayoría de las naciones. Es posible entonces que esa alianza no se realice por falta de interés del invitado que ya tiene sus manos llenas, o que traiga consigo más barbarie y mayor arbitrariedad.
Y del inventor de la Paz Total, lo más probable es esperar una paz más total, o sea ninguna, y sí mayor intranquilidad y angustia para muchas más familias que podrán quedar sujetas a la autoridad impuesta a la fuerza por criminales. Y Petro podrá seguir agitando para intimidarnos. Ya los vándalos obtuvieron una autorización oficial para intervenir fachadas enmugrando las ciudades y sometiendo a sus habitantes. El paso siguiente podría ser extender salvoconductos para que ingresen esas ‘caquitas’ a los inmuebles a profanar la intimidad. Está por ver si estos desórdenes iniciados e incitados por el Gobierno se utilizan como actos sobrevinientes que permitan estados de excepción. También hay que pensar que cuando un candidato civil remeda o imita a los militares, “el fin esta cerca” (Timothy Snyder, On Tyranny, Crown, New York, 2017).
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