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Juan Camilo Restrepo
Puntos de vista

De los mangos bajitos a la gobernabilidad

Abelardo de la Espriella ganó la presidencia, pero aún no ha ganado la gobernabilidad mínima que requerirá la ejecución de su programa de gobierno. Este es quizás el reto mayor que le espera para los primeros meses.

Ningún partido goza de mayorías parlamentarias en el congreso: ni la oposición encabezada por Iván Cepeda ni los partidarios en el capitolio de Abelardo de la Espriella. El que dispone- por el momento- del más precario número de curules afectas, es, justamente, el presidente electo.

Es posible que en los días venideros se deslice un número importante de congresistas hacia la vertiente Abelardista. Sucede siempre en la primera legislatura de cada cuatrienio presidencial. Pero por el momento cuenta con un débil contingente de parlamentarios.

Esto nos lleva a una primera conclusión: el gobierno que se posesiona el próximo 7 de agosto no contará con un apoyo político suficiente para aprobar por sí solo la gran mayoría de las propuestas ofrecidas durante la campaña por Abelardo de la Espriella que requieren ley de la república para para implementarse.

Pensemos, por ejemplo, en la nueva reforma tributaria que se impone apremiantemente dada la situación calamitosa con que entrega Petro las finanzas públicas. O la nueva ley de competencias que habrá que diseñar para racionalizar el gasto y cumplir con el acto legislativo que incrementó hasta el 39,5% la cuota de los departamentos y municipios en el sistema general de participaciones.

La conclusión que se sigue es que la única manera de tramitar el grueso de las propuestas del candidato ganador es una coalición; pues la gestión de un solo grupo partidista resulta imposible.
De no construirse- como primera y gran prioridad política del nuevo gobierno- una coalición de mínimos, el gobierno De la Espriella resultará bloqueado más temprano que tarde.

En su discurso de triunfo Abelardo de la Espriella dijo que gobernaría tanto para quienes votaron por él como para quienes no lo hicieron. Dijo, también, que respetará los fueros y facultades del congreso tal como las señaladas en nuestra constitución del 91 que se comprometió solemnemente a defender.

Así las cosas ¿cómo serán las relaciones gobierno oposición, en un escenario en el que el primero no cuenta con un grupo parlamentario lo suficientemente amplio que le permita por sí solo tramitar las promesas electorales que requerirán la aprobación de leyes. Al paso que la segunda- la oposición- aunque no cuenta con más del 25% de las bancas parlamentaría, sí dispone del terrible “poder de bloqueo”.

Abelardo de la Espriella ha hecho un compromiso valiente- que ojalá cumpla- pero cuya puesta en marcha para construir la coalición indispensable no es nada fácil: ha dicho que los parlamentarios que lo acompañen en la coalición lo harán por sus propios méritos, de acuerdo con el sentido como votó Colombia, que así sea por un 1% se impuso en Colombia. Pero que no habrá ningún tipo de mermelada ni de cortejos clientelistas para construir la indispensable coalición que se impone, para que el nuevo gobierno no quede bloqueado desde las primeras de cambio.

El nuevo gobierno deberá también ocuparse de los “mangos bajitos”, es decir, aquellas propuestas que se pueden implementar rápidamente sin necesidad de ley de la república. Pienso, por ejemplo, en levantar la absurda prohibición que impuso el gobierno Petro para que se hicieran exploraciones en el campo de los hidrocarburos y que nos tiene al borde de una grave emergencia energética.

Las relaciones con la oposición resultarán también cruciales. Una vez que pase el jolgorio del triunfo y la luna de miel habrá que entenderse con ella seriamente. Se le van a respetar puntillosamente sus derechos, ha dicho el presidente electo. Pero esto no significa que no se pueda avanzar en consensos mínimos con ella sobre tres o cuatro puntos cruciales sobre los cuales pudieran construirse acuerdos básicos. Por ejemplo, lo fiscal, la recuperación energética y la política de paz como compromiso de Estado. (La USO ha hecho recientemente sobre la recuperación energética 13 propuestas constructivas en torno a las cuales podrían construirse entendimientos mínimos).

Si el trato civilizado prevalece en esta nueva época que se abre para Colombia; si el insulto permanente que tan de moda puso Gustavo Petro como lenguaje político se destierra; si se aprovecha para coger rápidamente muchos “mangos bajitos” que pueden cosecharse prontamente; y si con tino y buen trato se trabaja para construir una gobernabilidad mínima, Colombia saldrá adelante.

La tarea no es fácil: pero en ella nos va la vida.

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