
Sin mucho esfuerzo, las cifras muestran que el Gobierno actual entregará el país en una situación fiscal calamitosa, y sin precedentes. Quiero destacar algunos tópicos de la situación fiscal que recibe el nuevo Gobierno, y de los caminos a seguir para iniciar el largo y doloroso camino de ajuste que será necesario emprender.
No sería sorprendente que el 2025 cerrara con un déficit fiscal cercano al 8 por ciento del PIB, el más alto en la historia del país probablemente desde la Guerra de los Mil Días.
Este desajuste entre gastos e ingresos que es lo que determina la magnitud del déficit se puede apreciar al comparar los gastos promedio mensual que trae el país en los últimos trimestres: 40 billones de pesos, con los ingresos tributarios promedios: 28 billones. Es decir, se viene arrastrando un hueco mensual del orden de 12 billones que se está cubriendo con más y más endeudamiento.
¿Por qué se ha incurrido en este déficit creciente?
Porque la mayoría de este déficit es gasto primario, es decir, incrementos en el gasto diferente al pago de intereses y amortización de la deuda. Porque en los últimos meses se aceleró este déficit para incrementar el gasto burocrático a fin de preparar por el Gobierno Petro las elecciones. Porque los controles de carácter político (Congreso) e institucional (Contraloría y Procuraduría) han sido ineficaces.
Utilización inmoderada del crédito público
Estamos en niveles de endeudamiento cercanos al 62 por ciento del PIB. Este nivel de endeudamiento es el más alto de la historia reciente del país, superior inclusive al que se alcanzó durante la pandemia. Lo más grave es que las nuevas contrataciones de crédito público, la mayoría de las cuales se han contraído en el mercado interno (emitiendo tes estipulados en pesos) a tasas altísimas de interés (14 por ciento - 15 por ciento).
¿Es sostenible este ritmo de endeudamiento?
No lo es. De allí que el nuevo Gobierno ha anunciado que va a buscar la refinanciación de la deuda pública. De continuar con este ritmo de endeudamiento de la administración Petro, y a las tasas irresponsablemente estipuladas en las colocaciones de los últimos meses, llegará un momento en que la banca internacional y los tomadores institucionales de TES del mercado interno empezarán a cerrarnos los grifos.
Una reflexión sobre el manejo del presupuesto
El Gobierno Petro ha creído equivocadamente que basta con presentar una “ley de endeudamiento” cada año para que el congreso apruebe los nuevos recursos solicitados y por lo tanto se aumenten los montos de los presupuestos de los últimos dos años.
El Congreso con razón se ha negado a ello. No hay que olvidar que, según la Constitución colombiana en materia de impuestos, “el Gobierno propone, pero quien decide es el Congreso”.
Recordar qué es la ley de financiamiento prevista en el art. 348 de la Constitución
Después de la Constitución de 1991 los presupuestos se pueden presentar en forma desequilibrada.
El equilibrio se reestablece única y exclusivamente si el Congreso aprueba la ley de financiamiento. Si el Congreso no la aprueba, ni los ingresos ni los gastos previstos en la ley de financiamiento pueden incorporarse al presupuesto básico.
Respuestas del Gobierno a la negativa del Congreso a las dos leyes de financiamiento que ha presentado
Primero, un chaparrón de insultos al Congreso que se ha vuelto la constante en el Gobierno Petro al diálogo con el Congreso.
Segundo, echarle la culpa a la negativa del Congreso con el argumento de que el responsable del alto déficit fiscal que señalamos arriba es el Congreso.
Al encontrar un culpable, se ha escudado para seguir creciendo y creciendo el gasto público y el déficit fiscal.
Una reflexión sobre la regla fiscal
El Gobierno, sin razones para ello, resolvió suspender la vigencia de la regla fiscal por dos años.
Esto condujo a que las amarras de prudencia en el endeudamiento público han desaparecido y le ha quedado la vía libre a la dirección de crédito público para seguir endeudando alocadamente al país.
No había razones serias para suspender la aplicación de la regla fiscal, y probablemente una de las primeras medidas que tendrá que tomar el nuevo Gobierno es reestablecerla.
¿Qué decir de la nueva reforma tributaria que anuncia el agónico Gobierno Petro?
En primer lugar, que es un risible disparate pretender que en tres semanas el Congreso le va a aprobar una nueva reforma tributaria.
En segundo lugar, esto no tiene visos de ser nada diferente a una constancia postrera en la que el Gobierno pretenderá recoger, tal como lo dice el último Marco Fiscal de Mediano Plazo: 21 billones.
Recuérdese que la reforma liderada por el exministro Ocampo al comienzo del actual Gobierno —que es cuando se presentan las reformas tributarias— recaudó apenas la mitad de lo que se pretende recoger con esta pantomima de reforma tributaria que desde luego no la aprobará el Congreso y que se presentará a partir del próximo 20 de julio.
¿Qué caminos tendrá que recorrer el nuevo Gobierno para hacer el ajuste fiscal ineludible de la calamitosa situación que recibe?
No hay un solo camino.
Tendrá que ser la confluencia de: i.) acciones desde la primera hora para recortar gasto público y dar un mensaje de austeridad; ii.) no pretender que el desfinanciamiento con que viene en el presupuesto de la vigencia 2027 se va a ajustar nuevamente con el utópico expediente de una ley de financiamiento; iii.) repensar de la A a la Z todo el mecanismo del crédito público en Colombia, que como se está administrando es insostenible.
Consideraciones generales sobre la hacienda pública
El buen estado de las finanzas públicas es un “bien público” de toda la comunidad, que se ha perdido en este Gobierno.
El país no puede seguir manejando sus finanzas públicas de la manera como lo ha hecho en los últimos años: de seguir así llegaríamos más temprano que tarde a una moratoria de pagos y a un resquebrajamiento total de la credibilidad en la sostenibilidad financiera del país.
Hay que volver por los fueros de la transparencia; y hay que abandonar la creencia torpe de que insultando al Banco de la República o a los parlamentarios desde el palacio de Nariño es como se arreglan las cosas.
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