
Becas para el Cambio: los recursos existen, ahora deben llegar a los estudiantes
¿Hay recursos para Becas para el Cambio? Sí.
Esta debería ser la primera claridad frente a lo afirmado en El libro de la verdad, donde se plantea que Colombia comenzará 2027 sin recursos para inversión en ciencia, convocatorias y becas doctorales. Una afirmación de esa naturaleza genera incertidumbre entre cientos de jóvenes que hoy adelantan o esperan iniciar sus procesos de formación de alto nivel.
Como exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación y como parte del Gobierno del Cambio que impulsó esta política, considero necesario poner en conocimiento del país los hechos y las decisiones que la respaldan. Mi posición parte de haber participado directamente en la construcción y defensa de esta apuesta por la formación científica, pero también está sustentada en documentos oficiales: existe un CONPES, un aval fiscal del CONFIS y vigencias futuras autorizadas que permiten establecer con precisión los recursos destinados a Becas para el Cambio y su programación hasta 2030.
Y esta discusión importa porque detrás de las cifras hay 1.520 colombianas y colombianos financiados para avanzar en su formación de alto nivel.
La convocatoria Becas para el Cambio -capítulo nacional- tenía inicialmente una meta de 670 apoyos económicos. Desde el Ministerio de Ciencia, logramos financiar 1.520 propuestas de formación en maestrías y doctorados nacionales y en el exterior, más del doble de lo proyectado. En maestrías nacionales, frente a una meta inicial de 200 apoyos, se alcanzaron 899; y en doctorados nacionales, frente a los 300 inicialmente proyectados, se garantizó financiación para 515.
Estos números expresan una decisión política: democratizar el acceso al conocimiento y hacer de la formación científica una posibilidad real para quienes históricamente han estado por fuera de ella.
Durante demasiado tiempo, hacer una maestría o un doctorado en Colombia ha dependido no solamente del mérito académico, sino también de la capacidad económica de las familias, del territorio donde se nace y de las oportunidades que ofrece la universidad a la que se logra acceder. Becas para el Cambio busca romper parte de esa desigualdad.
La formación científica no puede depender del presupuesto de un solo año. Hay un aspecto técnico que debemos explicar con sencillez. Una maestría no dura un año. Un doctorado tampoco. Por eso sería un error analizar una política de formación de alto nivel observando exclusivamente cuánto dinero aparece en una única vigencia presupuestal.
El CONPES 4182 de 2026 declara de importancia estratégica el proyecto para el fortalecimiento del talento humano para la ciencia. Esta fue una decisión del Gobierno del Cambio para garantizar que la formación de magísteres y doctores no quedara sometida a la incertidumbre presupuestal de cada año y pudiera trascender nuestro propio período de gobierno. En desarrollo de esta apuesta, el Consejo Superior de Política Fiscal (CONFIS) otorgó el 21 de enero de 2026 el aval fiscal para comprometer 368.017 millones de pesos mediante vigencias futuras ordinarias para el período 2026–2030. Posteriormente, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público autorizó los cupos correspondientes y comunicó a Minciencias la programación plurianual de estos recursos, en su siguiente distribución:
2026: $99.261 millones.
2027: $97.669 millones.
2028: $75.540 millones.
2029: $75.540 millones.
2030: $20.007 millones.
Total: $368.017 millones.
Esa es quizás una de las mayores diferencias de la política que impulsamos desde el Gobierno del Cambio: entendimos que democratizar el conocimiento también significaba garantizar recursos públicos de largo plazo para que el origen social, el territorio o la capacidad de endeudamiento de una familia no determinaran quién podía llegar a ser magíster o doctor en Colombia.
Hay otro aspecto de Becas para el Cambio que no deberíamos perder de vista. Cuando el Estado financia a un estudiante para realizar una maestría o un doctorado en Colombia, no solamente está financiando a una persona: está fortaleciendo la universidad colombiana. Los recursos llegan a programas de posgrado, fortalecen grupos de investigación, permiten consolidar comunidades académicas, generan nuevas investigaciones, fortalecen laboratorios y contribuyen a que nuestras universidades formen el talento que posteriormente necesita el país.
El modelo de Becas para el Cambio establece que el 60 por ciento de los recursos se destine a promover el ingreso de profesionales colombianos a Instituciones de Educación Superior públicas. Asimismo, incorpora una focalización territorial que garantiza el 30 por ciento de la inversión en regiones con rezagos estructurales, incluidos territorios PDET y ZOMAC.
No empecemos de cero cada cuatro años
La nueva administración de MinCiencias, tiene, naturalmente, la facultad de revisar políticas, mejorar procedimientos y establecer sus prioridades. Pero esa legítima facultad debe ejercerse reconociendo las decisiones fiscales ya adoptadas y protegiendo los derechos y expectativas de quienes participan en programas públicos.
Ahora lo urgente son los desembolsos
Y aquí quiero terminar poniendo el foco donde realmente debe estar. Mientras discutimos si existen o no recursos, hay jóvenes que están pendientes de avanzar en sus procesos académicos. Hoy la prioridad debe ser acelerar los desembolsos de Becas para el Cambio. Los 1.520 beneficiarios financiados necesitan que los procedimientos administrativos avancen con celeridad. Para un estudiante de maestría o doctorado, un desembolso no es un trámite abstracto: significa garantizar una matrícula y su sostenimiento.
Por eso el llamado que hago es constructivo pero firme: MinCiencias debe acelerar los procesos necesarios para que los recursos lleguen oportunamente a los beneficiarios y ofrecer información clara sobre los cronogramas de desembolso.
No necesitamos crear incertidumbre alrededor de una política que tiene respaldo fiscal. Necesitamos ejecutarla. Hay 368.017 millones de pesos programados mediante vigencias futuras para 2026–2030. Hay 1.520 oportunidades de formación financiadas. Hay cientos de maestrías y doctorados. Hay universidades colombianas que se fortalecen con esta inversión. Y hay jóvenes esperando que el Estado cumpla oportunamente su compromiso.
Los recursos existen. Las vigencias futuras están programadas. Los jóvenes están esperando. Es hora de acelerar los desembolsos.
Las diferencias políticas entre gobiernos son legítimas; lo que no puede ocurrir es que en medio de ellas se desconozcan decisiones fiscales ya adoptadas por el Estado ni se genere incertidumbre entre los jóvenes que dependen de estos recursos para estudiar.
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