
En Colombia, hablar de vivienda es tocar una fibra profunda. Muchos crecimos escuchando frases como: “el que paga arriendo, bota la plata”, “mejor tener techo propio que estar manteniendo al dueño” o mi abuela siempre decía “tener casa propia no es riqueza pero no tenerla es pobreza”. Esta narrativa ha sido tan poderosa que, para muchos, la vivienda propia se ha convertido en el símbolo definitivo de éxito y estabilidad.
Pero en algunos casos, comprar casa sin hacer bien la tarea y los números puede ser una decisión que ahogue tus finanzas personales.
Y no es porque esté en contra de la vivienda propia. Lo que pasa es que cuando se trata de tus finanzas personales, hay que mirar más allá de la emoción, más allá del qué dirán y más allá del sueño que nos vendieron. Hay que mirar los números, el contexto, los objetivos de vida y, sobre todo, el costo de oportunidad de cada decisión.
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