Ir al contenido principal
Rudolf Hommes
Puntos de vista

Estandartes de la muerte

Anticipando los discursos de este 20 de julio, he tomado la libertad de usar material del Capítulo 16 del libro America/América, del historiador Greg Grandin, para informar lo que sucedió en Venezuela después de haberse declarado independiente y de haber acogido una Constitución autóctona y original que prohibió el tráfico de esclavos y puso en igualdad de condiciones a todas las castas con las que los españoles mantenían a la gente congelada en su lugar. Por primera vez tuvieron todos los ciudadanos igualdad de condiciones y de derechos que los españoles residentes en Venezuela.

Estaba el republicanismo en plena ebullición ese 26 de marzo de 1812, exactamente dos años después de que los caraqueños expulsaron a las autoridades coloniales de la ciudad, y en todo el país se batallaba en pro y en contra de la República y de la libertad. Cuando sobrevino ese día un terremoto que destruyó la mayor parte de Caracas e hizo estragos en el territorio, Bolívar sospechó que el clero y los realistas propagarían la idea de que el temblor era un castigo a quienes se habían atrevido a desafiar a las autoridades reales y que se abrirían las puertas del infierno para tragarse a los rebeldes. Le declaró la guerra a Dios y a la naturaleza, pero no pudo evitar que mucha gente se asustara y se desató una epidemia de arrepentimientos que llevó a que los penitentes expiaran toda suerte de pecados e indiscreciones, no solo su republicanismo. Esto se acentuó porque continuaron los temblores que impulsaron la contrarrevolución.

Los revolucionarios respondieron nombrando a Francisco Miranda dictador. Él comenzó a mandar con mano dura, abolió la esclavitud e invitó a los liberados a ingresar al Ejército y a emanciparse combatiendo a los realistas. Estos copiaron el procedimiento e indujeron a los esclavos a unirse a sus fuerzas a cambio de promesas de liberación. Se enfrentaron dos ejércitos gemelos multicastas y variopintos en los que militaban campesinos artesanos, comerciantes, presos, pueblerinos y hasta aristócratas.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales