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EL CONCEJAL DEL ODIO

EL CONCEJAL DEL ODIO
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

EL CONCEJAL DEL ODIO

Hay un concejal de Medellín conocido como “el del bate”. No necesita mayor presentación, porque se hizo célebre al armarse con uno para amedrentar en las calles manifestantes en favor de Palestina. Sus intervenciones en el Concejo suelen ser agresivas y cargadas de discursos estigmatizantes. Tras el triunfo de Abelardo de la Espriella como presidente el pasado domingo, el envalentonado concejal, vistiendo una camiseta de la selección Colombia, pidió lo siguiente: 

“Muchachos, vea, yo solo voy a hacer una sugerencia y a razón de lo que ya pasó del asunto tan grave del voto fusil, pero los bandidos son tan bandidos que no se dieron cuenta de lo que hicieron ellos mismos. Ya tenemos claro… en cuáles mesas y en cuáles lugares hubo votación a través del voto fusil… entonces… le doy un consejo al próximo presidente de este país y también la misma vía le doy un consejo al alcalde de esta ciudad y al gobernador: si ya sabemos en qué mesas de votación hubo irregularidades en donde porcentajes superiores al ochenta por ciento fueron votos dirigidos a Iván Cepeda pues entonces los próximos ataques, bombardeos tienen que ser dirigidos a esas zonas porque en esas zonas están los bandidos de este país”. 

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En X, el video venía acompañado por este mensaje en el que promueve la “fórmula mágica: plomo y glifosato”.

El video lo colgó él mismo a redes sociales. No fue una captura in fraganti de una conversación cándida, sino una imagen que el concejal publica para alardear de su gestión. 

Para el director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de Los Andes, Michael Weintraub, ese es un fenómeno que no encuentra respaldo en los datos. Según Weintraub, la votación por Iván Cepeda se correlaciona con la geografía de la periferia del país y no con dinámicas de coerción armada en las urnas. La Silla Vacía también demostró con datos que ese fenómeno podría haber sumado apenas unos seis mil votos a Cepeda y que además la mayoría de puestos en los que obtuvo el cien por ciento de los votos eran aquellos ubicados en resguardos indígenas. 

El pódcast La Colombia Nostra, en entrevista con el investigador Gerson Arias de la Fundación Ideas para la Paz, explicó por qué incluso si algunas estructuras armadas quisieran constreñir masivamente, no contaban con la infraestructura para hacerlo y menos en los números que se movieron para la segunda vuelta. 

Por tanto, no es posible afirmar que el incremento de tres millones de votos para Cepeda entre primera y segunda vuelta responda a un fenómeno de presión de grupos armados. Pero incluso si así fuera, ¿ello justificaría un llamado para que esas poblaciones supuestamente constreñidas fueran bombardeadas?

El artículo séptimo del Estatuto de Roma consagra como un crimen de guerra la “Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos”. El funcionario público que promueva abiertamente la violación del derecho internacional humanitario podrá convertirse en el determinador de esos crímenes (si efectivamente se cometen), o directamente incurrir en los delitos de instigación a delinquir (artículo 348 del Código Penal) o en apología del genocidio (artículo 102). También puede constituir una falta disciplinaria gravísima como servidor público. 

El concejal Andrés Gutiérrez promueve abiertamente la violencia política en contra de algunas de las poblaciones más pobres y desprotegidas de Colombia. La Defensora Iris Marín ya se acostumbra a ser la única alta funcionaria del Estado que condena estos excesos del debate público que ponen en riesgo a la gente más vulnerable.

Sobre el silencio del Concejo de Medellín, de la Procuraduría, de la Fiscalía y del presidente electo descansa la potencial peligrosidad real del discurso del señor del bate. ¿Y qué dice la colectividad que lo avaló para que se hiciera a ese micrófono? El Centro Democrático debe responder públicamente por los discursos de odio que promueve su concejal y será cómplice de la violencia que produzcan.

Una semana después, persisten voces públicas que siguen gritando “voto fusil” sin pruebas. Insisten en desconocer que el triunfo de Abelardo de la Espriella fue casi un empate y que existen trece millones de personas que votaron por Cepeda. Esa ceguera también promueve la violencia que incentiva el concejal del odio desde Medellín. 

Las palabras importan. Aunque el presidente electo hubiese intentado redibujar su promesa de “destripar” al contrario en varias ocasiones durante la campaña, cada vez que volvía a pedir “excusas” servía de recordatorio de esa promesa inicial. Y para otros millones de colombianos ella bastó para cautivarlos.

¿Acaso qué diferencia hay entre destripar y bombardear al contradictor político? Amanecerá en la patria milagro y veremos.

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