
La Seño Ara, una mujer firme y a la vez cálida que no solo es la dueña de la peluquería Estilos Chocó, sino quien realmente sabe qué debe hacerse cada mujer en el pelo, me indicó que lo mío era pelo kinky en crespos gruesos de dos patas, pegados con crochet.
Las más de treinta peinadoras que rodean a Aracely son expertas en manejo de kanekalón, kinky, otros pelos y en diversos tipos de trenzados, algunas se especializan en extensiones y Leydi, quien fue mi peluquera, en crespos como los que yo me haría ese día.
Disfruté el tiempo en la peluquería. Me deleité con las conversaciones entre Leidy y su vecina sobre otros peinados, técnicas y el costo del pelo. También tuve una conversación profunda con ella sobre la negritud después de que me preguntó si me sentía negra. Se mostró a gusto con que yo afirmara ser una mujer negra teniendo la piel un poco más clara. “Es que hay un poco que no gustan de ser negras y hasta quisieran aclararse la piel, pero yo no, yo me siento feliz de serlo y de tener este color”, me dijo. “Muy bueno que usted también”. Tres horas en la peluquería dan para todo.
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