
Para nadie es un secreto que las protestas sociales de 2019 y 2021 y el pésimo manejo de Ivan Duque, catapultaron la candidatura presidencial de Gustavo Petro. El gobierno de entonces desestimó en forma olímpica las justas demandas de los jóvenes y esa actitud generó una ola de indignación contra el gobierno que radicalizó a buena parte de la sociedad colombiana. Petro interpretó correctamente ese momento. Desde mayo de 2021 se sentenció la elección presidencial y se sabía que los colombianos votarían por el cambio. El debate se redujo a definir cuál era el cambio más conveniente para el país y triunfaron las tesis del hoy presidente.
Sin las protestas las elecciones de este año hubieran sido diferentes y sin los jóvenes que salieron a las calles las movilizaciones no habrían tenido éxito. Además, la represión absurda y brutal por parte de integrantes de la Policía Nacional despertó la solidaridad de muchos sectores de opinión que ni siquiera salían a las manifestaciones. Las muertes de decenas de protestantes y la ausencia de transparencia en la información sobre las consecuencias trágicas de los excesos policiales, liquidaron la escasa credibilidad del gobierno.
Ese momento político hay que recordarlo para comprender y evaluar los anuncios del gobierno con respecto a la situación jurídica de los integrantes de la primera línea en el paro nacional. El problema surge con las generalizaciones simplistas y la costumbre de ver todo en blanco y negro. Tan cierto es que son pocos los jóvenes hoy investigados o condenados por la justicia que son unos criminales responsables de toda clase de delitos, como que no todos son unos angelitos que salieron a caminar, cantar y tirar unas cuantas piedras. Sin duda miembros de la fuerza pública cometieron excesos mortales, aún sin sancionar, que ocasionaron además una crisis profunda de legitimidad de la institución policial, pero también sectores radicales y violentos de los manifestantes actuaron en varias ciudades como bandas criminales que atacaron a nuestros policías y a civiles indefensos. El paro se salió de madre ante la indiferencia e indolencia de un jefe de Estado que no supo escuchar oportunamente el grito desesperado de cientos de miles de colombianos.
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