
Una política anquilosada de la banca colombiana trae más desgastes que ventajas para sus usuarios.
Hay actividades periódicas que se convierten en hábitos así carezcan de sustento. Una de ellas es la obligación que imponen la mayoría de los bancos colombianos para que sus clientes, personas naturales o jurídicas, cambien sus contraseñas con frecuencia, mínimo cada tres o cuatro meses. Desde hace varios años y bajo la premisa de prevenir el fraude, los bancos colombianos han impulsado campañas publicitarias para invitar a sus usuarios a cambiar con frecuencia sus contraseñas. Mientras que la banca colombiana sigue pensando que esta es una buena práctica, hay entes especializados en ciberseguridad y con experiencia y alcance global que piensan lo contrario.
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