
Inspirado en lo sucedido en el golpe de Estado chileno de 1973, Gustavo Petro tomó el camino de las armas. Hoy libre de ellas, como presidente, tiene la responsabilidad de no inspirarse en los errores del gobierno de Salvador Allende y que hicieron que Chile entrara en una profunda crisis económica y política.
Me parece interesante oír los discursos de Gustavo Petro. Trato de hacerlo con periodicidad. Mi interés surge ahora que es presidente, como candidato no me atraían sus largos discursos, llenos de lugares comunes, en su mayoría deshilvanados y populistas. Sin embargo, los mensajes entre líneas de sus discursos como presidente, creo que sirven para tratar de entender cómo está el gobierno en su imaginario, así como para intentar comprender a un ser que para muchos es indescifrable, impredecible, impulsivo e improvisador.
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