
La reforma a la salud ha sido un empeño demasiado costoso para el Gobierno. Por ahora, los retornos no justifican tanta inversión de energía y recursos. Han sido bastante significativos los golpes a la gasolina política del presidente. El enfrentamiento Carolina Corcho con el ala de centro-izquierda no petrista del Gobierno (Alejandro Gaviria, José Antonio Ocampo y Cecilia López), provocó su salida y la del Partido Conservador y la marcha de intelectuales y ciudadanos “de centro” que hicieron un esfuerzo para apoyar a Petro con tal de salir del uribismo.
Ha sido enorme el andamiaje político que el Gobierno ha tenido que desplegar en el Congreso para que la reforma haya pasado apenas un debate en casi un año de discusión. En esa búsqueda, de sudar voto a voto, perdieron cualquier esfuerzo por guardar las formas e instalaron a Jaime Dussán y Mauricio Lizcano, dos políticos profesionales y tradicionales de toda la vida, en el Congreso para ofrecer lo que haga falta y conseguir los apoyos.
La obstinación por la reforma ha provocado enfrentamientos hostiles con académicos e intelectuales, que nada tienen que ver con la política, pero descreen de este proyecto estatista que ni siquiera tiene todavía el aval técnico del Ministerio de Hacienda. Pero nada detiene al presidente y a estas alturas pareciera proponernos que la medida del éxito o fracaso de su gobierno depende de la aprobación de esta reforma.
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