
En marzo del 2016 el flamante contralor, Edgardo Maya, asistió a un foro organizado por la revista Semana llamado ¿Qué pasó con Reficar? Altivo y bonachón, fue a explicar y defender ante funcionarios, empresarios y periodistas el auto de responsabilidad fiscal de 343 páginas de su procurador delegado, Javier Eduardo Noguera, en el que ordena la vinculación al caso Reficar como responsables a seis contratistas y 35 personas naturales.
La Contraloría los señala por una gestión “antieconómica e ineficiente” que propició la pérdida de 17 billones de pesos por sobrecostos y demoras en el contrato de ampliación de la refinería de Ecopetrol en Cartagena. Maya y su gente juraron que habían destapado el caso del siglo y así se lo supieron vender al país. Los medios compraron ese pescado podrido y con el impulso de seductores titulares como “el mayor desfalco de la historia”, la sociedad no quiso ni pudo oír otra versión. Fue un robo macabro y estaban los nombres para que la justicia vengara al Estado.
Siete años después, tres experimentados jueces del Tribunal Arbitral Internacional, en New York, dejaron por los suelos la barbaridad que hizo la Contraloría de Edgardo Maya y que después le dieron alas Felipe Córdoba y Néstor Humberto Martínez. La refinería hoy produce más de 200.000 barriles al día y el tesoro recibirá casi seis billones de pesos en reparaciones.
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