
El país conoció a Irene Vélez en el Congreso de Minería 2022. Era su primer encuentro con los tigres del sector. Altiva y desafiante habló de la teoria del decrecimiento económico como eje de su ideario, mientras disciplinaba a los asistentes de la última fila del auditorio con regaños. Después en la rueda de prensa se enervó con las preguntas de los periodistas, se fue y los dejó tirados. La ministra se puso los guantes desde el primer momento y nunca más los soltó.
Había mucho interés y zozobra por las primeras palabras de alguien ajeno a estas actividades y con un mandato político que venía con “el cambio” como motor de la gestión. Este es un sector con retornos a muy largo plazo y oirla desde el primer momento hablando de castigar inversión y producción, cayó muy mal.
Propuso a la brava ir secando la principal fuente de exportaciones e inversión extranjera, sin más sustitutos a corto plazo que tuits y frases hechas. Ha hablado sin descanso de transición energética y la realidad es que hoy no hay nada. Su bandera, la prometida hoja de ruta de transición energética anunciada en el COP27 en Egipto, no existe. Se suponía que la presentaban en mayo, pero quien la lideraba era Alexander Gómez, un prestigioso profesor en el tema de la Universidad Nacional, y le renunció a la ministra a comienzo de año porque no había un plan sólido para presentarle al país.
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