
Desde que el Gobierno “rompió relaciones” con César Gaviria y los conservadores nos advirtieron que la apuesta sería agitar al pueblo para presionar al Congreso. Unas calles calientes, casi como un eco del paro nacional 2021, habrá pensado el Gobierno que sería la llave para torcer el voto de las curules que no controlan para aprobar sus reformas. En esa búsqueda se intercalaron balconazos y marchas para ambientar la operación presión. Pero la asistencia fue un fracaso.
Con unos puñados de contratistas y amigos gritando en la Plaza de Bolivar es imposible conmover el corazón de unos profesionales de la especulación política como son nuestros honorables. Hace falta mucho más. Por eso el Gobierno dobló la apuesta y volcó ríos de presupuesto público para financiar la “marcha por la vida” de hoy, a un mes de las elecciones y con todas sus reformas parqueadas en el Capitolio.
Si el activismo desinteresado no alcanza, toca estimular la lealtad con otros incentivos, pensarán en Palacio. Por eso la tentativa de desviar la pauta púbica de los medios grandes y tradicionales a los “alternativos” vive un pequeño paréntesis en esta semana para convocar a la marcha. Esa es la razón por la que en estos días los canales y emisoras andan saturados de pauta gubernamental.
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