
Es normal que cuanto más cerca se está del poder, más lejos termina un político de lo expresado en su campaña. No podemos ser tan mezquinos como para pretender que un gobierno sea un copy-paste de su programa electoral. En el medio, las circunstancias cambian, la gestión tiene una velocidad compleja y también debemos aceptar cierta dosis de mentira y cinismo que trae el circo de la política.
Ahora, hay contradicciones que no podemos dejar pasar. Hay traiciones a la palabra que merecen castigo.
A Gustavo Petro duramos muchos años oyéndole decir que su “gobierno sería el del conocimiento”. Que la ciencia y el saber reemplazarían a la barbarie y que el mérito y el sacrificio se abrirían paso ante el poder de tecnócratas privilegiados que nacieron con el mundo a sus pies.
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