
Uno de los retos más importantes de Colombia es acelerar su crecimiento económico. Históricamente, hemos sido el alumno promedio de la región en esa materia. No tenemos la inestabilidad argentina, ni la crisis venezolana, pero tampoco el crecimiento espectacular de Chile y nuestro par más cercano, Perú, nos gana en repechaje (Ver gráfica).

Tranquilos, pero seguros, pareciera que estuviéramos muy cómodos con nuestro crecimiento económico. Sin embargo, nuestra formula tradicional de exportación de productos petroleros y una sólida estabilidad macroeconómica, que atrae inversión al país y permite endeudarnos a tasas razonables, es insuficiente. De un lado, el mundo está cambiando en términos energéticos y nuestra gallina de los huevos de oro, las exportaciones petroleras, no va a durar para siempre (aunque sí más de lo que los críticos auguran). De otro lado, el crecimiento reciente ha sido insuficiente y la concentración de la riqueza llegó a un punto de tensión alto que hace necesario hacer más para crecer y repartir la torta económica.
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