
La discusión del salario mínimo se ha convertido, de cierta manera, en una forma para evitar discusiones más profundas sobre los problemas del mercado laboral del país. La discusión se queda ahí, entre quienes apoyan un aumento significativo del salario mínimo y quienes no. Al final, la mayoría de las personas queda con una rasquiña molesta detrás de la oreja, preguntándose si debemos resignarnos a salarios más bajos para impulsar el empleo.
No me malinterpreten. Soy de la opinión de que un aumento significativo del salario mínimo beneficia a unos pocos (los empleados que ganan un salario mínimo o integral), en detrimento de la mayoría (los trabajadores informales y los consumidores que veremos un aumento en los precios de bienes y servicios). Acá pueden ver un hilo muy bueno al respecto. Sin embargo, el asunto es menos obvio de lo que parece y esta falta de claridad contribuye a estancar la discusión.
El imaginario exagerado del magnate de bigotes largos
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios









