
Muchos con alivio nos secamos el sudor de la frente después de que el Gobierno logró superar el impasse con Estados Unidos. El presidente, creyéndose poseído por el alma de Aureliano Buendía y deseoso de sufrir la suerte de Gaitán o Allende, como bien lo anotó Laura Ardila, casi nos cuesta unos módicos aranceles del 25 por ciento sobre nuestras exportaciones al imperio norteamericano.
Pero ¿por qué deben importarnos los aranceles? ¿No vale más la dignidad de los deportados?
Vamos por partes. Sin duda, las actuaciones de Trump son reprochables y el respeto a la dignidad de los colombianos deportados es indiscutible. Sin embargo, hay formas y vías. Por ejemplo, el presidente Lula de Brasil optó por una diplomática, en vez de recurrir a invocar a Aureliano y enviar un trino delirante, como lo hizo nuestro mandatario.
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