
Aunque en Colombia aún nos queda mucho por mejorar, hemos avanzado mucho como país en los últimos años en distintos frentes. Uno de esos frentes ha sido nuestra estabilidad macroeconómica, que ha sido un activo en una región históricamente turbulenta en materia económica.
Ese legado ahora parece estar en peligro. El reciente nombramiento de Germán Ávila como ministro de Hacienda ha inquietado a los mercados y ha avivado temores sobre la dirección futura de la política económica.
El ministro Ávila no es un desconocido en el sector público. Es economista de la Universidad Nacional, ha trabajado en temas de vivienda popular y finanzas públicas y recientemente presidió el Grupo Bicentenario. Llega al cargo con un perfil técnico, sí, pero con una cercanía política al presidente Petro que ha despertado dudas sobre su independencia. Sus primeras declaraciones, defendiendo recortes más agresivos en las tasas de interés (que afortunadamente no se dieron), han alimentado el nerviosismo. Los mercados han tomado nota. El peso se ha debilitado levemente, los spreads soberanos siguen elevados y la confianza empresarial no se ha recuperado.
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