
Un gran amigo tiene la tesis de que a la izquierda, cuando está en el poder, no le interesa el deporte. Al principio fui bastante escéptico con la afirmación, pero, ahora que veo el trato que le ha dado el gobierno Petro al deporte y a los deportistas, tristemente le hallo la razón. Es doloroso ver que el deporte se ha vuelto un instrumento más de politiquería y ha dejado de ser uno de los mayores vehículos de transformación social.
He tenido la oportunidad de ver cómo el fútbol, y el deporte en general, son grandísimos factores de cambio para nuestra sociedad. Puedo dar fe de que fundaciones como Fútbol Pazífico, en Tumaco, y Tiempo de Juego -que en un principio estaba en Cazucá y luego llegó a las dos costas- han logrado con un balón transformar a la juventud en Colombia. Han sido estas fundaciones las encargadas de alejar a los niños de la violencia y los malos pasos, de prevenir el embarazo adolescente y, sobre todo, darles esperanza a quienes nacieron en donde -como ellos mismos dicen- ni siquiera Dios llegaba los domingos.
Ahora, lo triste del cuento es ver que mientras dos fundaciones han logrado rebuscarse sus recursos para demostrar que con el deporte podemos lograr grandísimos cambios sociales, las políticas estatales en el deporte han tenido grandes retrocesos. Perdimos los Juegos Panamericanos por la negligencia de hacer el pago y, como se ha denunciado acá, los deportistas lograron triunfos en los Juegos Olímpicos de París a pesar del país y no gracias al mismo.
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