
Elegir Congreso es, en el fondo, elegir límites al poder. En un momento de tensiones institucionales, vale la pena mirar con atención a quienes aspiran a legislar. Comparto aquí algunos nombres que, desde distintas orillas, pueden aportar rigor, control y deliberación al debate democrático.
Por: Luis Alberto Arango
En poco tiempo, el 8 de marzo, elegiremos Congreso y, casi sin transición, entraremos en la carrera para elegir presidente. Como siempre, la conversación pública se concentra en quién llegará a la Casa de Nariño. Pero el verdadero equilibrio —o desequilibrio— institucional del país se define, en buena medida, en el Capitolio.
No soy analista electoral ni pretendo serlo. No hago política profesional. Soy un ciudadano que cree que Colombia necesita algo elemental: pesos y contrapesos reales frente al poder.
El Congreso no está para aplaudir gobiernos. Está para vigilarlos, debatirlos, corregirlos y, cuando sea necesario, frenarlos. Esa es su esencia republicana. Y esa tarea exige preparación técnica, independencia y carácter.
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