
Durante siglos, la humanidad vivió en pobreza extrema. Hoy, por primera vez, miles de millones han logrado superarla. La historia muestra cómo se consiguió. Sin embargo, el debate económico sigue atrapado en ideologías. ¿Estamos discutiendo lo correcto o ignorando las verdaderas claves del progreso?
Por: Luis Alberto Arango
Uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia humana suele pasar inadvertido en muchos debates políticos contemporáneos: la pobreza extrema ha caído de forma dramática en los últimos doscientos años. Durante siglos, la humanidad vivió prácticamente estancada. La inmensa mayoría de las personas apenas lograba sobrevivir y el crecimiento económico era casi inexistente. Sin embargo, a partir del siglo XIX algo cambió profundamente en la organización económica del mundo.
La industrialización, el desarrollo del comercio internacional, la acumulación de capital y la expansión de la tecnología iniciaron un proceso que transformó la historia económica. Por primera vez, el crecimiento económico se volvió sostenido y la producción por persona comenzó a aumentar de forma significativa.
Con el paso del tiempo, ese crecimiento terminó reduciendo la pobreza en una escala que habría sido inimaginable para generaciones anteriores: si en 1820 más del 80 por ciento de la población mundial vivía en pobreza extrema, hoy esa proporción es inferior al 10 por ciento, y solo desde 1990 cayó de cerca del 36 por ciento a menos del 10 por ciento. Aunque China fue un actor central en este proceso —sacando a cientos de millones de personas de la pobreza—, la reducción también ocurrió en el resto del mundo: incluso excluyendo a China, la pobreza extrema global cayó de alrededor del 33 por ciento a cerca del 12 por ciento, como lo documenta Our World in Data, una plataforma académica que recopila y analiza datos globales sobre pobreza, salud y desarrollo.
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