
En cada mesa de votación hay ciudadanos que sacrifican su domingo para que todos podamos elegir. Son los jurados. Sin aplausos, sin protagonismo, sosteniendo uno de los pilares más importantes de la democracia.
En 2014 recibí una notificación inesperada: había sido designado jurado de votación. El cargo no parecía menor: presidente suplente. Me pregunté qué significaba exactamente ese título y qué responsabilidades implicaba. Con curiosidad y algo de entusiasmo, asistí a la capacitación de la Registraduría.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














