
Alguien que fue director del Banco de la República en mejores épocas tiene un amigo en Chile que le dijo que en Colombia habríamos cometido un error permitiendo que el ministro de Hacienda fuera miembro de la junta del banco y que la presidiera. Otro amigo le dice lo contrario, que en Chile cometieron un error manteniendo al gobierno fuera del banco. Ellos creyeron equivocadamente que así podrían asegurar la independencia mientras que nosotros la sacrificábamos manteniendo en la junta al ministro.
El entonces gerente del banco, Francisco Ortega, también quería mantener al ministro fuera de la junta y no estoy seguro que fuera solamente por consideraciones de política. Temiendo esto último, el ministro de entonces, que escribe estas líneas, no se iba a dejar sacar a sombrerazos, y eso es parte de la historia. Con el apoyo de varios miembros de la Asamblea Constituyente se logró que el ministro presidiera la junta, que el Banco y el Gobierno coordinaran la política macroeconómica y que el Estado tuviera la responsabilidad de velar por la conservación de la capacidad adquisitiva del peso a través del Banco de la República, no del gobierno.
Independientemente de las razones personales a favor de la presencia del ministro en la junta, hubo razones de fondo para asegurar que esto ocurriera. En esa misma época se libraba una batalla entre el canciller alemán y el banco central de ese paí,s conocido como el Bundesbank (Buba), porque el Gobierno estaba gastando mucho para consolidar la unión de las dos Alemanias y no quería correr el riesgo de que esa posibilidad se le empantanara, que los ciudadanos del Este se rebelaran o se fueran a vivir al oeste y que la Unión Soviética se arrepintiera. Entonces, Kohl se le enfrentó al Banco y gastó lo que fue necesario y el Banco le respondió subiendo reiteradamente la tasa de interés y oponiéndose abiertamente al Gobierno como acto insólito en los medios y en el Congreso. Lo más contencioso fue la decisión del Gobierno de entregarle marcos de Alemania Federal a los alemanes del Este a cambio de un mismo valor de marcos de la RDA, cuando el Buba estimaba que el cambio debió hacerse por una tercera parte de ese valor para no poner al aparato productivo del Este en condiciones de baja competitividad, lo que, sumado al retraso técnico de las empresas, dejaría a la región en malas condiciones. El resultado de este enfrentamiento le costó a Alemania muchísimo y tardó varios años en recuperarse.
El Buba tenía en sus estatutos dos mandatos que son difíciles de cumplir: mantener el poder adquisitivo del marco federal y apoyar la política económica del Gobierno. Claramente optó por enfrentar al Gobierno, con resultados graves para la economía de la nueva Alemania, que tuvo que trabajar con tasas altísimas de interés y la baja productividad del Este, pero unida.
Estas circunstancias debieron haberse considerado entonces en la Constituyente, pero en la Constitución quedaron los dos mandatos. La presencia del ministro en la junta para presidirla fue lo que se logró para que en la junta hubiera por lo menos un interesado en mantener la calma. Hasta ahora, los ministros de Hacienda habían cumplido un papel de amortiguador entre el Gobierno y el Banco. Daban la pelea en la junta por conseguir decisiones que no fueran políticamente insostenibles y también las daban en el consejo de ministros y con el presidente para no extremar la “gobernabilidad”. Tengo que admitir que cuando dimos esa pelea la hipótesis que se mantuvo era que tanto el ministro como el presidente buscaban mejores condiciones económicas, no destruir el aparato económico. No contento con dejar a la salud pública agonizando, el Gobierno actual quiere ahora aniquilar el peso ($).
Esto no se le puede permitir. Tiene que cumplir con dos mandatos de la Constitución: la responsabilidad del Estado de velar por el poder adquisitivo de la moneda y coordinar con el Gobierno la política económica. El ministro y posiblemente el presidente pueden estar expuestos a violar la ley y la Constitución si persisten en ignorarlo, como lo están haciendo. Ya un exdirector del Banco le ha hecho saber al ministro, por escrito, que puede estar prevaricando.
La solución no es entonces sacar al ministro de la junta, como ya lo han sugerido algunos influenciadores, ni cambiar el artículo de los estatutos del Banco que impide que la junta sesione a menos que cuente con la participación del ministro, que la debe presidir. La solución es que el Gobierno y el Banco cumplan con sus mandatos constitucionales y legales. El ministro no puede dejar de asistir a la junta porque estaría haciendo imposible coordinar la política económica con el Banco, y el Banco no debería intentar cambiar sus estatutos para dejar inerme al ministro y tomar medidas monetarias excesivamente drásticas.
La independencia del Banco de la República y la del Gobierno solo van hasta donde se lo permite la Constitución: coordinar para velar por el poder adquisitivo del peso y por una política económica que no sea políticamente insostenible.
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