
Se consideró audaz subir el salario mínimo un 23,7 por ciento de un tajo y para todo el país. La OIT, China, Estados Unidos, Vietnam, Panamá y más de diez países del mundo llevan décadas demostrando que lo verdaderamente audaz es exactamente lo contrario: gradual y regionalizado.
En Pereira, sobre la avenida Circunvalar, hay una cafetería pequeña. O en Neiva. O en Villavicencio, en Tunja, en Pasto, en Santa Marta, en Barichara o en Murillo. Da igual la ciudad: la historia es la misma. Cuatro empleados: dos en el turno de la mañana, dos en el de la tarde. Lleva años sirviendo el mejor café del barrio, ajustando centavo a centavo sus costos para no quebrar y no despedir a nadie.
Su dueño, a finales de diciembre de 2025, escuchó al presidente Petro anunciarle que desde enero pagaría un 23,7 por ciento más en salarios. No hubo consulta. No hubo gradualidad. No hubo diferenciación entre lo que cuesta vivir en Bogotá y lo que cuesta vivir en Pereira. Un solo decreto, un solo número, para todo el país.
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