
Han sido cuatro años largos y este último, el más agotador. Sin embargo, en medio del ruido político, las acusaciones a diestra y siniestra, el déficit por las nubes y los ataques a quien se atreva a disentir, Colombia sigue en pie. Lo sigue estando gracias a quienes dentro del Estado han resistido.
Por: Luis Alberto Arango
En esta época de Semana Santa, el Sábado Santo es un día de transición en el calendario cristiano. Es un día de vigilia, son 24 horas de espera. Para la tradición cristiana es el día en que el duelo se transforma en esperanza. Colombia vive, en este abril de 2026, su propio Sábado Santo económico y político: lo peor ya ocurrió, o casi. El domingo aún no llega. Pero llegará.
Esta semana, el presidente Gustavo Petro y su ministro de Hacienda protagonizaron el episodio más grave de su ya larga colección de ataques a la institucionalidad. El ministro Germán Ávila abandonó en plena sesión la junta directiva del Banco de la República, luego de que cuatro de sus siete miembros votaran por subir la tasa de interés de intervención cien puntos básicos, hasta el 11,25 por ciento, en respuesta a una inflación que lleva meses resistiéndose a bajar. Petro lo aplaudió desde X y calificó la decisión del Emisor de “suicida”. Los directores del banco, acusados de obedecer “exclusivamente a los intereses del sector financiero”, respondieron con la única respuesta que les queda a quienes ejercen bien su oficio: la dignidad técnica.
No es la primera vez. Y ese es precisamente el problema.
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