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Weildler Guerra
Puntos de vista

El nuevo faro

Nayib Bukele se está convirtiendo en el nuevo faro de la derecha en Colombia. Otros eran los tiempos en los que funcionarios y congresistas del pasado gobierno nacional hacían campaña abierta en La Florida en favor de Donald Trump. La estrella internacional en ascenso invitada para el mes de octubre será el actual presidente de El Salvador. El representante a la Cámara del Centro Democrático, José Jaime Uzcátegui, le ha enviado una carta en la que le pide visitar a Colombia este año. No se trata de una visita oficial sino de participar como orador principal en un congreso de “patriotas”. Podemos observar que en la espontánea misiva no se acude a la condición igualitaria y sosegada de ciudadano. No. Se recurre a la carga emocional y distintiva de “patriota”. Esta es una figura salvadora ungida por las divinidades para cumplir una misión que está por encima de los seres del común.

Bukele se ha promovido a sí mismo como el gobernante encargado de devolverle la grandeza a su país. Esto lo ha hecho muy popular entre los salvadoreños y aún más entre aquellos de sus connacionales que habitan en el exterior. El Salvador era visto por observadores externos como una nación al borde del colapso social a causa de la inseguridad extrema generada por las bandas criminales. Se encontraba, según el relato oficial en una acelerada marcha hacia a la condición de Estado fallido, corriendo hacia el abismo codo a codo con Haití. Sin embargo, apareció en el horizonte la figura providencial de Nayib Bukele que se define a sí mismo como un instrumento de Dios. Dado que como presidente busca cumplir una misión divina se encuentra por encima de las leyes humana. Bukele es parte de un designio trascendental que le permite justificar sus extensas acciones represivas bajo la túnica protectora de Dios. La experiencia indica, sin embargo, que es una especie de trato con el diablo originado en la desesperación.

Como lo han observado los organismos internacionales, Bukele ha erosionado sistemáticamente los derechos humanos para enfrentar la violencia. Según Amnistía Internacional las autoridades salvadoreñas cometen a diario violaciones masivas de los derechos humanos. Entre ellas se registran detenciones arbitrarias, violaciones del debido proceso, torturas, asesinatos y malos tratos. Muchas de ellas parecen expresamente dirigidas a menoscabar la dignidad humana. La humillación colectiva satisface perversamente a Bukele y las imágenes que envía su maquinaria propagandística sugieren que se recrea en ellas. Los regímenes autoritarios de cualquier tinte ideológico siempre requieren de enemigos reales o imaginarios hacia los que se canaliza la indignación colectiva. Las maras salvatruchas siguen siendo ese enemigo.

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