
En mis columnas anteriores presenté dos lecciones para Colombia del libro de Jeff Frieden, Global Capitalism: Its Fall and Rise in the Twentieth Century. La primera mostraba cómo los cambios en el orden económico mundial traen retos, pero también oportunidades. La segunda, que esos cambios generan ganadores y perdedores, y que ignorar a estos últimos es un error común.
En esta columna quiero presentar una última lección: el contexto importa. A simple vista, las grandes transiciones en el orden económico global parecen seguir un patrón: todas son resultado de tensiones domésticas y la integración al orden económico mundial. Pero las tensiones domésticas varían con el tiempo y los requisitos de integración son distintos; es decir, su contexto varía y esto es lo que determina el desarrollo de la transición.
El primer gran ejemplo es la caída del patrón del oro en los años treinta. Bajo el patrón del oro, los países fijaban su moneda al oro, renunciando a su política monetaria para facilitar el comercio y la inversión internacional. La receta económica clásica ante una crisis era bajar precios y salarios hasta que la moneda recuperara competitividad. El mercado debía ajustarlo todo y esto funcionaba por tres razones: los trabajadores no tenían poder político, los mercados eran competitivos y muchas democracias aún eran frágiles.
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