
Cuando decidí regresar a Colombia me vi rápidamente confrontada con la dificultad por la que pasan todos los padres en el país: Me refiero a la relacionada con la educación escolar de los hijos.
Pensé que lo más lógico sería inscribir a mi hijo en una escuela bilingüe para que su proceso de integración en este país, al que hace muy poco nos mudamos, fuera algo más suave, que él sintiera que por dominar ya dos idiomas de los que se imparten en estos colegios no estaría del todo en desventaja siendo el nuevo en el salón y además podría continuar con la misma metodología que conoce de sus años de primaria en el otro país.
De hecho en Berlín y también después en Estados Unidos mi hijo también asistía a escuelas 50 por ciento bilingüe –allí con español – aunque la gran diferencia era que, siendo educación de calidad, se ofrecía de manera gratuita a los niños del país, pues se asume como un derecho, no un privilegio o dicho de otra manera, un derecho no un negocio. Sin duda, las instalaciones del colegio actual son muy bonitas y amplias, sus maestros bien formados y amables. Pero no podía evitar pensar: si todos los niños colombianos tuvieran la oportunidad de recibir este tipo de educación, Colombia sería otro país y es algo que no debería ser de ninguna manera una ilusión.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios

















