El fracaso de la gestión del hambre
11 Mayo 2022

Weildler Guerra

El fracaso de la gestión del hambre

Sucedió en el año 2016. La experimentada periodista Marcela Pulido solicitó mi colaboración para visitar la Alta Guajira y localizar comunidades indígenas en donde los infantes wayúu estuviesen afectados por la malnutrición. El país estaba alarmado con las estadísticas dramáticas que llegaban del Instituto Nacional de Salud y con base en ellas pude comprometerme diciéndole que sería una tarea fácil localizar a estos niños. Cuando llegamos al territorio y visitamos los primeros hogares, muchos de los niños llevados por sus madres estaban bien vestidos, rozagantes y su apariencia distaba de las imágenes de niños famélicos que publicó la revista Life sobre Biafra en julio de 1968. La situación parecía inexplicable hasta que pasadas varias horas y adentrándonos hacia otras comunidades más cercanas a los centros urbanos pudimos encontrar vecindarios indígenas en donde había una prevalencia de la malnutrición.

Esta búsqueda dejó varios interrogantes, ¿por qué algunos niños alejados de centros hospitalarios y en zonas apartadas se encontraban en mejor estado de salud que algunos niños indígenas de zonas suburbanas? ¿Qué papel cumplen los determinantes sociales en la malnutrición? ¿Cómo incide la diversidad geográfica sobre esta situación? ¿Cómo incide la heterogeneidad social y económica en las muertes por malnutrición? ¿Qué sabemos de las familias a las que pertenece cada niño fallecido? Al final es necesario preguntarse, ¿cuál es el mapa de la malnutrición en La Guajira y cómo cambia en el tiempo?   

Al no crear un equipo interdisciplinario y comunitario que relacione las caracterizaciones ambientales y sociales de las distintas zonas del territorio wayúu con las estadísticas de la malnutrición, las entidades gubernamentales continuarán buscando una moneda perdida en la oscuridad. Si no se identifican y analizan estos determinantes sociales y territoriales los esfuerzos institucionales seguirán siendo inútiles. Es probable que ello sea una contribución adicional a la mala gestión del hambre y la malnutrición en el territorio guajiro y en otros departamentos de Colombia, igualmente afectados.  

Una investigadora dedicada a estudiar este tema en distintos departamentos del país, entre ellos el Vaupés, es la nutricionista guajira Valerin Saurith, ella considera que “a las familias indígenas les llega información técnica y científica sobre alimentos ajenos a sus tradiciones, por ejemplo, sobre carnes rojas, vísceras, leche de vaca, lácteos, pastas, arroz, leguminosas, verduras, frutas y demás alimentos que no son cultivados en la huerta tradicional y con recursos propios, sino que están disponibles en los mercados de los cascos urbanos más cercanos, o llegan a los territorios como parte de los paquetes de apoyos alimentarios de programas del Estado”.  

Lo anterior, y la avalancha de carga publicitaria a través de los medios, cambia la idea de lo que es deseado como comestible. En consecuencia, en algunas áreas del extenso territorio wayúu de la Alta y Media Guajira se intensifica la dependencia de los alimentos adquiridos en el mercado y se van abandonando de los obtenidos en el territorio propio, como los frutos del trupillo y otros vegetales. Los conocimientos indígenas sobre estos alimentos tienden a ser subvalorados como creencias sin valor científico. A ese paso el consumo del brócoli entre los wayúu desplazará al de la iguaraya o fruta del cactus y la imagen de los niños malnutridos se parecerá cada vez más a esa foto de Life de la guerra de Biafra de 1968.  

Un reciente informe de DeJusticia y la Veeduría Ciudadana revela que no se han cumplido las órdenes de la Sentencia T 302 de la Corte Constitucional y la grave situación de derechos de los niños wayúu y sus comunidades continúa y ha empeorado a causa de la pandemia del covid-19. Unos 308 menores han muerto entre el año 2018 y 2021. Mientras que la media nacional de mortalidad infantil por cada 100.000 habitantes fue de 4,6, en La Guajira alcanzo 34,1. 

Estas desigualdades sanitarias no surgieron ayer, pues están relacionadas con antecedentes históricos que llevaron a una jerarquización del territorio nacional y de sus habitantes. Así este escenario es visto como marginal, salvo para efectos caritativos y expiatorios, pues se encuentra confinado a La Guajira: una frontera remota de Colombia.    
 

Más Columnas