Veo el video de la llegada del candidato Fico al colegio de sus hijos en cumplimiento de sus responsabilidades como padre de familia. Escucho la gritería, parece un rockstar, su pelo le ayuda, lo aplauden los otros papás, lo aclaman los directivos, es un buen colegio, debe ser bilingüe, con salones de máximo veinte estudiantes, con un profesor por cada materia, con todas las ayudas audiovisuales a disposición, con red wifi propia, conectado de forma permanente, no como todas esas escuelas de pueblo o de zonas rurales o esas por allá lejos que tuvieron que seguir desconectadas de este mundo digital gracias a los 70.000 millones que se robaron de Centros Poblados durante el gobierno nacional con mejores resultados en la historia de todos los países (qué orgullo escribir esta frase, qué decepción saber la verdad), que la mejor fiscalía de la historia —con el fiscal más preparado de nuestra generación— no ha podido resolver; claro, como no fue en San Andrés…

En fin, les decía esto mientras leo atónito lo que me escribe Valentina, una quinceañera que conocí hace unos días en la pasada Feria del Libro de Bogotá, cuando se acercó —junto con su amiga Marcela— al stand donde yo promocionaba mi primera novela y que a ellas las cautivó “porque nos gusta leer historias de amor”.

Eso me dijeron sin que se dieran cuenta de que el cautivado había sido yo apenas me contaron que habían llegado esa misma mañana desde Dolores, Tolima y que se regresaban en la tarde, que estaban ahí porque habían obtenido las mejores notas en algunas materias y que el premio era ir un solo día a Bogotá, siete horas de viaje, siete horas de feria, un par de sánduches, cuatro libros comprados, siete horas de vuelta y la felicidad dibujada en cada rostro. ”Llegamos a las cuatro de la mañana”, me contó emocionada ayer.

Luego me narró lo que a mí me parece el perfecto resumen de este país que no le duele a nadie y que le importa a muy pocos, enfrascado en inútiles peleas ideológicas que reparten odio por doquier como forma de alimentar su sed de poder. Les transcribo el chat:

“Lo que sucede, es que en mi colegio están retirando maestros y mandandolos a otras Instituciones Educativas, es muy grave esto, puesto que están retirando docentes que dictan clase a la media (grados 10 y 11), un ejemplo de esto es que trasladaron el único maestro capacitado el todo el colegio para dictar matemáticas, cálculo, geometría y física, esto es terrible, además no van a enviar reemplazo de este profesor, se va a quedar así, la calidad de nuestra educación va a bajar en sobre manera. Debido a esto los estudiantes no van a tener el nivel ni los conocimientos suficientes para poder presentar la Prueba Saber 11”.

Está textual.

Si se dan cuenta, los errores son mínimos. He leído unas “bellezas” de chats que producen náuseas. Luego, esto de una estudiante de décimo grado me reconforta notablemente.

Esta semana le llegó la carta de traslado al profesor Enmanuel, el de Matemáticas, ordenándole que se presente en otro colegio, en una vereda del municipio, San Pedro, dentro de diez días. El problema es que no enviarán reemplazo al colegio Antonia Santos, el más importante del pueblo, porque la Secretaría de Educación del departamento del Tolima realizó lo que llaman un “balance de planta” que establece que por cada profesor debe haber —al menos— 35 alumnos.

-       Y en mi colegio hay 21 por maestro.

-       Bueno, pero lo puede reemplazar otro profesor del colegio, ¿no?

-       No, el profesor Enmanuel es el único con el perfil necesario para que a nosotros nos dicte esas materias.

No parece de quince.

Los estudiantes están más que preocupados porque les dijeron que el recorte —en total— incluía el retiro de cinco docentes. Decidieron entrar en asamblea permanente, que incluye un cese de actividades escolares.

Antes de Enmanuel le había llegado la carta a la docente Villarreal, la titular del área de Sistemas, quedando una sola profesora para dictar la clase en 14 cursos. Obviamente, no lo ha podido hacer.

La tercera fue la profesora de Artística, Dora Ligia, que se jubiló y ya anunciaron que no tendrá reemplazo. Esta semana se despidió.

Los otros dos profesores tendrán que irse de una sede de primaria, donde hay seis maestros para seis cursos. Hagan sus cuentas.

Transcribo el segundo chat:

“¿Se imagina usted el gran problema de esto para los estudiantes? Muchos estudiantes a causa de la baja calidad de educación que se formaría en la Institución no podrán tener una educación Superior, no lograrán llegar a la Universidad debido a que para la gran mayoría la única alternativa que tienen para poder llegar a ella es obtener una beca con la prueba saber 11”.

El alcalde de Dolores dijo que iba a mandar una carta a Ibagué, los padres de familia enviarán otra y los estudiantes también. Ya sabemos lo que pasará con ellas. En caso de que lleguen, claro está.

Ojalá todos los colegios fueran como el que me referí al principio. Así debería ser. Pero estamos lejos.

Último chat:

“Hay mucho más cosas negativas que se desencadenarían si nuestros maestros se retiran. Tendrían en ese caso que cerrar salones y fusionar grados, esto es inaudito, puesto que la infraestructura de nuestro colegio no tiene el soporte suficiente para que en un salón estén 40 o 50 estudiantes, ya que siendo optimistas, en cada salón únicamente caben aproximadamente de 20 a 25 estudiantes”.

Ahí me sentí mal. Ahí me acordé de lo inútiles que —en general— han sido nuestros gobernantes, que ni siquiera van por esos pueblos, excepto en campaña, que prometen esta vida y la otra antes de que los elijan y cuando esto pasa, caen en una amnesia tan profunda que jamás recuerdan nada, ni dónde están parados, ni por qué ostentan esos cargos, ni para qué los eligieron, ni siquiera de dónde vienen.

En la página oficial de la Gobernación del Tolima hay una breve biografía del gobernador Ricardo Orozco, donde dice que nació en una humilde vivienda del cañón del Combeima. Parece que rápidamente olvidó sus orígenes. Qué dolor. Qué Dolores.
 

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