Yezid Arteta
20 Junio 2024 05:06 pm

Yezid Arteta

Rojipardos

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Por la Razón y la Justicia (VuG, por sus siglas en alemán), la reagrupación de izquierda alemana fundada por Sahra Wagenknecht, obtuvo el pasado 9 de junio seis diputados al Parlamento Europeo. El doble de Die Linke (La Izquierda), el partido que desde la reunificación alemana timonea los ideales de la clase trabajadora. Sahra viene de las filas de Die Linke, pero se apartó de la agrupación para ir por su cuenta, acusando a sus excamaradas de convertirse en una izquierda inútil, teorética, mutante y funcional al establishment, para la que es más importante discutir sobre los pronombres de género, la alimentación bio o los derechos de los peces, que acerca de la desigualdad y la precariedad de los hijos de la clase trabajadora. Alejarse de la clase trabajadora para ponerse al frente de minorías identitarias ha resultado un mal negocio para la izquierda europea. Sahra, consideran varios analistas, representa a la única fuerza capaz de frenar a los protofascistas de Alternativa para Alemania (AfD).  

El establecimiento de izquierda acusa a Sahra Wagenknecht de “rojipardista”, una tendencia que procura, grosso modo, combinar la lucha por la redención económica de los trabajadores con la defensa de los valores raizales. En un encuentro que tuve en casa del académico italiano Steve Forti, en el que también participó Jessica González, la diputada barranquillera al Parlamento de Cataluña, el “rojipardismo” vino a cuento. Forti cuestionó a Diego Fusaro, el joven filósofo turinés que defiende a capa y espada el acoplamiento de los valores de derecha con las ideas de izquierda, para confrontar a la alienación globalista. Julio Anguita, el desaparecido e influyente dirigente comunista español, junto con su compatriota Manolo Monereo, fueron tildados de “rojipardistas” cuando indicaron que los poderes económicos, mimetizados en las instituciones supranacionales, son los verdaderos enemigos de la izquierda y los trabajadores. 

Entre la izquierda latinoamericana el “rojipardismo” no es aún muy familiar. Creo, sin embargo, que los principales líderes de la izquierda continental han combinado desde el poder la revolución con la tradición. Algo que me parece apropiado para las sociedades latinoamericanas en las que han existido curas guerrilleros, indigenistas que se oponen al aborto, comunistas que van a misa los domingos, mujeres que lideran luchas barriales mientras escuchan canciones de Darío Gómez o jóvenes barristas que, luego de ir al fútbol, se dirigían a las barricadas para apoyar el estallido social. 

Echemos una mirada a vuelo de pájaro. José, el Pepe, Mújica jamás perdió su saga de uruguayo futbolero. Rafael Correa modernizó al Ecuador, pero basado en su cristianismo se opuso a la despenalización del aborto, Evo Morales tomó la milenaria tradición indigenista para hacer frente a la globalización. López Obrador hizo de la conversación coloquial y la cultura popular mexicana, unos potentes instrumentos de comunicación política que lo convierten en uno de los dirigentes más populares en la historia republicana de México. 

A Gustavo Petro le quedan dos años de gobierno. Tiempo para mejorar las condiciones de vida de la población trabajadora y ajustar la comunicación política. Si esto es rojipardismo, adelante. 

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