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Joaquín Vélez Navarro
Puntos de vista

Drogas, prohibicionismo y sobredosis

En diciembre del año pasado muchos criticaron al Gobierno cuando derogó el decreto que antes permitía la imposición de multas a consumidores de drogas, aún cuando portaran cantidades dentro de la dosis personal. Entre otras, se señaló que la medida iba a favorecer a los jíbaros, a incentivar el consumo, y a perjudicar a niños indefensos que quedarían a la merced de las sustancias ilícitas. Varios alcaldes, en reacción a la derogatoria, decidieron adoptar estrategias locales para sancionar a los consumidores de drogas en espacios públicos. Solo por poner un ejemplo, el alcalde electo de Bucaramanga expidió en enero, poco después de su posesión, lo que se conoció como el decreto antidrogas, que permitió seguir sancionando a los consumidores de esta ciudad. Ese decreto se acompañó de operativos policiales y jornadas de vigilancia en distintos espacios públicos de la ciudad, con el fin de hacer efectiva la medida.

Gran parte de la sociedad colombiana sigue pensando que la mejor aproximación frente al consumo de drogas ilícitas es sancionando su uso, tal y como lo mostraron las medidas políticas adoptadas por los alcaldes y la indignación de gran parte de la ciudadanía frente al decreto del gobierno. Se piensa que la criminalización, y en general cualquier tipo de sanción, va a disuadir a los usuarios de drogas para que no las consuman. El miedo a ser sancionado, suponen los que defienden estas políticas, hará que adictos y usuarios de drogas lo piensen dos veces antes de hacerlo. Eso va a hacer que el consumo de drogas disminuya, y que menos personas mueran como consecuencia del uso de estas sustancias.

La evidencia internacional, sin embargo, sigue mostrando lo contrario. Sancionar a los usuarios no ha disminuido el consumo de drogas y las muertes por el uso de estas sustancias tampoco han bajado. Como lo muestra el reporte más reciente del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías – OEDT, Portugal, que tiene un enfoque basado en reducción de daños, y una de las políticas más laxas frente a los consumidores, sigue siendo uno de los países en donde hay menos muertes por sobredosis. Por el contrario, Estonia, Suecia y Noruega, países en donde se sigue criminalizando el consumo, están en el tope de esa lista.

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